La historia de un takeover swinger en Puerto Vallarta

Takeover swinger en Vallarta


La cosa debió ocurrir en Los Cabos, pero ya todos sabemos sobre los estragos del huracán, y a pocos días de la fecha programada para el viaje, la gente de Luxury Lifestyle Vacations tuvo que hacer cambios estratégicos y mudar todo el tinglado a Vallarta. No es misión tan sencilla como se oye. Estamos hablando de advertir a cerca de cuatrocientas personas que será necesario cambiar sus vuelos y absorver los costos que eso representa.  Por otro lado, conseguir en dos o tres semanas otras doscientas habitaciones en algún muy buen hotel del playa que esté dispuesto a recibir a un nutrido grupo de personas con hábitos un tanto polémicos.



   
     Ajustes más, ajustes menos, LLV consiguió resolver el predicamento. Muchos, pero muchos swingers angloparlantes, tomaron por asalto la costa de Jalisco y nosotros tuvimos la suerte de ser invitados a esa movida. ¡Qué espectáculo tan emocionante! Lamentablemente, tenemos la mala costumbre de tener empleos y éstos, no son muy compatibles con nuestra otra mala costumbre de hacer viajes pletóricos de sexo, pero nos las ingeniamos para escapar de la Ciudad de México el jueves, en lugar del sábado anterior y pudimos ser parte de la fiesta durante las últimas tres noches.

Jueves de alberca y jungla


    Al llegar al resort nos enteramos de que no hubo forma de reservarlo completo, pero el sitio tiene dos bloques, y uno de ellos, con todo y alberca y restaurantes, era exclusivo para nosotros los libertinos. Dejamos las cosas en el cuarto y bajamos a ver qué había. La vibra se sentía sexy, había gente desnuda, mujeres topless y mucha socialización. Pero más grande que la tentación de irnos a mezclar con el resto de la multitud, era el hambre del viaje, así que fuimos a comer algo. Para cuando entramos en la alberca, el sol se había ocultado ya y casi todo el mundo había desaparecido.

     Pepe, el hombre LLV, nos llamó al cuarto para saber cómo habíamos llegado, y nos dio un resumen sobre lo que teníamos que saber. A las 10 de la noche inició, en uno de los salones, la primera de nuestra fiestas temáticas, dedicada al animal print. El mundo del lifestyle no suele tener ese nivel de producción. El salón estaba completamente adaptado, había una cabina de DJ espectacular, un escenario circense con acróbatas, danza aérea en telas y en aro, salas blancas, periqueras, pista de baile, zanqueros, pantallas, trago ilimitado, en fin, una fiesta sin ninguna intención de escatimar. Cuando nos sentimos de ánimo, entramos al playroom

     En la antesala, condones y agua. ¿Por qué nadie más piensa que estas dos cosas son básicas? Dentro, una decoración que coqueteaba discretamente con una cueva kitsch, apostaba varias camas estratégicamente colocadas para que uno buscara su nivel de involucramiento. Me impresionó también lo bien equipado que estaba todo; toallas, más que suficientes, botes de basura, a cada paso y en cada uno de los lechos cojines liberator. Eso es cuidar detalles.

      Ubicamos una cama al fondo, pegada a otra que dejamos libre por si alguien quería acercarse. Así ocurrió. Una pareja se acomodó junto a nosotros e iniciamos un curioso juego de repeticiones. Ellos hacían, nosotros también. Nosotros los mirábamos, ellos también. Encadenamos una suerte de círculo virtuoso de miradas e insinuaciones, de sutiles señales que nos mantenían tan cerca como lejos. Era como mirarse en un espejo que tuviera voluntad propia. Más personas llegaron y entre los ecos de gemidos, se dibujaban siluetas y cuerpos que se encontraban y encontraban a otros parecidos. El mismo juego de espejos se repetía y reproducía en un camino ascendente que excitaba todos los contornos. Terminé en las manos de Mariana cuando ya estaba muy cansado. De todas formas, quisimos subir al cuarto para escribir un breve epílogo a la historia de esa noche

Viernes de barco y colores

   
Burlesque pole dance
 Nuevamente, la organización tuvo que pensar de prisa. Otros turistas llegarían el viernes al hotel y reservar la alberca para los encuerados ya no era opción. Además, otro tipo de viajantes seguramente encontrarían, en las conductas de los de nuestro tipo, más de una razón para quejarse. Así fue como la mañana lleno de lanchitas la playa, y esas lanchitas se dieron a la tarea de llenar dos catamaranes con una enorme horda de swingers.

      El día estuvo lleno de cosas que hacer. Quitarse la ropa. Hacer snorkel o kayak. Subir de nuevo a los botes. Ponerse la ropa. Bajar a la playa o visitar una casacada. Subirse al barco. Quitarse la ropa. Vestirse nuevamente para bajar a "Las Caletas" y comer. Quitarse la ropa. Reventarse durante un par de horas como si fueran las últimas vacaciones de nuestra vida. Mucha gente que se toca. Que se atreve. Cuerpos que se asolean, que se liberan. Cuerpos que se exhiben de una embarcación a otra, que se provocan. Adultos que saben que la impudicia de la infancia y el calor de las primeras juventudes esconden verdades sobre la felicidad, que son desconocidas para la mayor parte de la gente. El viaje representaba, ingenuamente, una metáfora de nuestro mundo: bajar a tierra, pretender ser normales, y embarcarse nuevamente en una orgía flotante aislada del resto de las realidades.

     Llegamos de vuelta al resort sanos y salvos. Más cansados, quizá. Más bronceados. Más felices. Por la noche, el salón de reuniones se había transformado nuevamente. El tema del vestuario era colores y yo nunca había visto una concurrencia más entusiasmada y más creativacon los trajes. Había brillos y luces y todo tipo de locuras por todas partes. Había incluso una pareja vestida de luces, no vestida como toreros, vestida de luces, literalmente, de luces: focos iluminados que le daban vuelta a sus semidesnudas figuras.

     Al ver la distribución del espacio, elegimos asientos en una de la salas que estaban pegadas a la pista. Acierto. Al poco tiempo de que llegamos inició un espectáculo que nos gustó tanto, que me produjo una suerte de nostalgia. Me explico. Se trataba de un unipersonal de burlesque. Una mujer en ropajes sensuales hacía bromas y animaba al público. Luego, osciló bailando entre dos tubos y un sillón sobre el cual, previsoramente, había colocado a un hombre del público. La música correspondía a la época de Sarah Vaughan, sus prendas al estilo cabaret y su ejecución de  pole dancing era, definitivamente, algo muy contemporáneo. Bailaba, coqueteaba y se desvestía con una gracia que se ve muy raramente en los espectáculos de fiesta swinger. Ahí es donde vino la nostalgia. ¿por qué será tan raro ver buenos shows eróticos? Puedo entender que en el reino de los civiles, la sofisticación haya cedido territorio a lo inmediato de tabledance; que nuestra cultura de lo efímero haya decidido que nadie tiene tiempo de hacer acrobacias cuando lo que quiere la masa es ver chichis. Pero entre los swingers... eso no tiene sentido. Nosotros somos precisamente la raza que decidió hacer de la sensualidad un tipo de vida. ¿Por qué son tan escasos los organizadores de fiestas liberales que se preocupan tanto por la producción de sus eventos? Mientras disfrutaba de esta artista, pensaba que habíamos llegado a un paraíso perdido, a un espacio tan alejado de los shows de strippers con power balads y de las tristes interpretaciones de sexo en vivo que pululan en los clubes de la ciudad.

El sábado fue el pilón


 
Juguetes eróticos Lelo
   La semana terminó oficialmente con salidas el sábado, sin embargo, los cambios de vuelo de último momento y otros ajustes similares, obligaron a muchos a quedarse una noche más en Vallarta. La gente de LLV se sacó de la manga un nuevo truco y organizaron una salida nocturna a un bar del centro. Por supuesto, estábamos más que apuntados.

     Ocurrió, sin embargo, que ese día fuimos a visitar la alberca que ya no era swinger y que de cualquier manera estaba muy nutrida de gente como nosotros. Habíamos estado en los días anteriores, por no se qué rara vibra nuestra, un tanto aislados de los demás, pero como era nuestro último vagón, no lo quisimos dejar ir y cambiamos la estrategia. Nos acercamos a la gente y empezamos a hablar con una pareja que nos dio una buena recepción. Esa pareja nos presentó a otra pareja y esa pareja nos presentó a otra pareja y de un momento a otro, nuestro aislamiento se disipó. Habiendo superado las primeras etapas de  nuestra discapacidad social terminamos la tarde junto a unos nuevos amigos. Como ya todos estaba partiendo a sus habitaciones, pensamos que lo poco casto de nuestra conducta podría, ahora sí, sacar algún escozor entre los huéspedes vainillas. Era una buena señal para retirarnos e invitamos a nuestros amigos al cuarto.

     Aparecieron con su Hitachi en la mano, el de ellos se llama Wandy, y nos alegramos de sabernos cómplices también en eso del amor a las vibraciones con varios caballos de fuerza. Pasamos juntos un buen rato. Sacamos, evidentemente, a Dámaso, estrenamos también un pequeño Lelo que recién compramos en Passion Fest. Terminamos la sesión cansados y muy contentos; para eso es que uno sale de vacaciones. Fue un final de semana muy grato, y lo único que lamentamos fue no haber empezado antes a hacerle la plática a otros, pero en fin, hay épocas y épocas. Cuando se fueron tuvimos que decidir entre hacer el viaje al centro o ir a cenar. Optamos por alimentarnos y luego tomar un taxi que nos reuniera con el resto del grupo.

     Después de la cena subimos al cuarto para arreglarnos. Nos acostamos un segundo... para recuperar fuerzas... el segundo se alargó... se alargó un poco más... y quedamos... en muy poco tiempo... completamente... dormidos. ¿Me estaré haciendo viejo?



     
      
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About Diego

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