...
"De:: Somos Dos
Asunto: Re: 102 dias despues
A: xxxxx@xxxx.com.mx
Fecha: martes, 1 julio, 2008, 9:01 pm
Vivimos al sur y ellos al norte. Podemos los fines de semana, pero ellos tienen espacio entre lunes y miércoles. Sin embargo está Sabina, y el café. Siempre el café (que ya no sé en cual de sus dos acepciones). Las historias se entremezclan con éxito, la voluntad parece irse abriendo como antro a las nueve de la noche, como la niebla en Xico a las 10 de la mañana, o en Xilitla, que para el caso, también está en la ruta del café (me parece que en cualquiera de sus dos acepciones).
En el último momento ellos recibieron en su mail mi número de celular y lo guardaron entre dos sonrisas perniciosas. Recibí, entonces un mensaje de confirmación con el nombre y dirección de un hotel, quizá uno por el que ya había pasado, pero no recuerdo. Ellos avanzaron nerviosos entre el tráfico y bajo la lluvia en búsqueda del refugio antiurbano, que cubriría a las dos parejas de la abrumante bombardeo de vida diaria del Distrito Federal. Cuatro pares de rodillas temblaban para entonces. Pero dos, no podían ver a las otras dos, y sin embargo, se sabían en medio de un temblor colectivo.
Obtubieron en la recepción una mirada de complicidad, una llave y el número que, en cuanto fuera deseable, harían a telcel entregar en mis manos envuelto en un perfumado SMS. Estaban divertidos al entrar en la habitación, reían y exprofeso olvidaron poner el seguro a la puerta. Jugaron, se bañaron el uno en el otro, bailaron y brincaron todo lo que quisieron, y sabían, que en otra parte del mismo edificio, otros dos, nosotros dos, tambien bailaban, se bañaban y jugaban a esperar. Solamente a esperar. En medio de una peli porno, de esas que me encanta ver en los hoteles de paso, llegó el mensaje y encendió la luz de la pantalla del teléfono y la luz en los ojos de Mariana. Salimos en silencio con sendas copas de vino en las manos. Nerviosos, atravesamos los pasillos que hubo que atravesar hasta que el número que aparecía en el mensaje coincidiera con el número escrito en la puerta frente a nosotros. Abrimos discretamente, cuidándonos de no despertar a ningún vecino que encontrara inmoral la práctica de husmear en otros cuartos. La luz se había apagado previendo nuestra llegada, y la ventana dejaba pasar sólo lo necesario para resaltar los bordes de dos personas a quienes nunca habíamos visto antes, y que sobre la cama representaban una obra de teatro erótica r hiperealista en la que Mariana y yo no estabamos.
Tomamos asiento en un sofá de los que todos los hoteles tienen a manera de butaca... Nos tomamos de la mano y seguimos bebiendo entre las sombras mirando a ---- y a ---- que decían que creían que no nos veían. Pero tampoco veían la humedad del aire, ni la alfombra, ni las botellas de agua todavía llenas, ni la ventana, ni la respiración de Mariana que poco a poco se aceleraba.
La trama de la obra, no la conozco, las sorpresas del estreno mundial de "Sobre la almohada" tampoco. Pero Mariana y yo salimos de la habitación sin aplaudir, no porque la obra no nos hubiera gustado, más bien, para mantener el caracter ritual del teatro. Salimos sin decir nada, pero con los corazones hechos nudo, con la piel como carretera de cuota y las hormonas bailando danzas húngaras.
Nos aseguramos de poner bien el seguro a la puerta que cerraríamos tras nosotros. Regresamos a nuestra habitación y ahí calmamos toda la sed que hubiera quedado pendiente.
Al día siguiete... xxxxx@xxxxx.com y juegodemanos@yahoo.com se pusieron de acuerdo para el siguiente capítulo... tal vez uno fuera de la ciudad.
Un abrazo
0 comentarios :
Publicar un comentario